jueves, 19 de febrero de 2009

Mientras llovía

Se acabó de repente, como la luz de un rayo que ilumina la estancia y desaparece.
Abrí los ojos y se había ido como un tren que no se detiene y solo dejó unos retazos de piel y corazón.
Mientras en el espejo busco verme solo descubro células muertas y largos hilos negros que caen sobre dos montes, erectos, blancos con cúpulas rosáceas.
No me encuentro y quiero reconocerme pero en cada mirada, en cada caída de pestañas, siento que me desvanezco, el espejo no refleja sino el mundo al revés, un universo paralelo donde aunque todo es semejante, nada es igual.
Donde quedó mi inocencia?’ desesperada la busca a tientas en las flores marchitas , en los secretos de mis sabanas, en las fotografías del buró.
Las lagrimas se resbalan por mis pómulos flácidos, secos , muertos, la piel absorbe con avidez el agua que limpia, que da vida sintiendo con pletórica agonía la perdida de mi yo.
Fuera, el cielo se solidariza con mi dolor estampando contra los cristales, los retazos de una estrella que acaba de morir.

Tu ausencia... junto a mi

No sé si te dije,
pero mis versos no se ajustan a tu pecho,
le sobran diademas, líquenes y centavitos.
Bésame cerrando los ojos,
para cumplir fantasías comunes y morirnos enlabiados.
Ayer pisé flores en tu nombre,
no vuelvas a dejarme esperándote en la lluvia
y decir luego que olvidaste venir,
aquí donde ya no te espero.
Tus brazos hacen juego con mis manos,
ya te dije y también con mi labia.
Ponte algo, hace frío, aunque dejó de llover, gotea.
Maldita manera de extrañarte
aunque ahora estés justo a mi tu presencia se siente como el mismo vacío del hambre o de la ausencia